sábado, 10 de septiembre de 2011

DANZAS TRADICIONALES DE VENEZUELA. EL JOROPO.

EL JOROPO.
Buscando entre mis libros de escuela, encontré uno muy especial.
Se trata de un trabajo de 1.980 de Luis Felipe Ramòn y Rivera, músico y compositor venezolano, quien recopiló en este trabajo "DANZAS TRADICIONALES DE VENEZUELA", algunas danzas  venezolanas. En este texto explica la historia, la función social, la música, de manera pedagógica y como es de gran utilidad para los docentes de escuela primaria, me pareció buena idea extraer las ideas del autor y presentárselas por si les sirve de guía para trabajar en el aula.
 Vamos a comenzar por el Joropo.
HISTORIA.
        Para entender la historia de nuestro "baile nacional", el joropo, es necesario comprender bien:
1º que el término joropo se aplicó primero a una manera característica del baile, y
2º que también se llamó joropo, desde fines de siglo XIX a la reunión familiar campesina o urbana, que se efectuaba para bailar al son del cuatro, el arpa y las maracas, siempre con uno o màs cantores como condición importante. 

Cuando alguna reunión festiva familiar no se hacia con esa clase de música sino con otra, generalmente de instrumentos de viento, entonces se decía que eso era "un baile" ( pero nunca un joropo). Si nos remontamos a los orígenes de la música para bailar joropo es necesario saber que nuestros músicos populares utilizaron ciertas piezas de corta duración (8 o 16 compases) como base del baile. 

Estas piezas eran imitación ( aquí creación popular) de las que se usaron en Europa como bailes de corte desde tiempos muy lejanos. 

El compás de las piezas que aquí fueron preferidas era el de tres tiempos, pero a ese compás y a las melodías el criollo les dio su manera de sentir el ritmo, muy sincopado a veces, o sea que, aunque las estructuras, los sistemas armónicos y la medida fueran para nosotros un legado europeo, la adaptación criolla, especialmente en el aspecto rítmico, llegó a ser algo genuinamente venezolano.
Espero les sirva de guía para enseñar a los niños la coreografía del baile de Joropo.






Les invito a conocer sobre  LA DANZA FOLCLORICA EL MARE MARE


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miércoles, 7 de septiembre de 2011

COMO HACER UNA ROSA DE TELA.


 Quizás te haya pasado, como a mi muchas veces, que debes adornar un vestido o blusa para una ocasión especial, con flores de tela hechas de la misma del vestido.
 A pesar que existen muchas tiendas del ramo, quiero traerles un mini curso de como hacer esas rosas, sin troqueles ni nada engorroso, porque no tenemos tiempo para eso, y que satisfacción es fabricar uno misma esos adornos, aprendemos una técnica y la ponemos en práctica. 

Ustedes saben que atesoro cosas antiguas que mi abuela o mis tías tenían guardadas y por allí conseguì esta joya de revista de la autora Carmencita Tamayo, que nos explica de manera sencilla el procedimiento a seguir para confeccionar las rosas. Pónganle atenciòn y verán lo linda que les queda.

UN APRENDIZ DE MAGO. CUENTO DE FMPDV

En los años 60, cuando se celebraba la fiesta del Valle, como decían en mi casa, mi abuelo Mercedes preparaba un espectáculo de "magia" con un gran número de cosas que había aprendido en sus viajes a la India.
Ir a la India y no entusiasmarse con los encantadores de serpientes y magos callejeros es como no haber ido. 
Por aquel tiempo, del año 1.935, de su viaje al Mar Rojo, estuvo varios días en algunas ciudades hindúes, donde adquirió un juego muy especial de "sacar" la suerte a las personas. 
Este juego constaba de un atril, pintado en un color rojo brillante, en cuyo centro colocaba un gran frasco transparente, contentivo de tres muñequitos hechos de caucho a los cuales colocó el nombre de Teodorito, Dorila y Panchito. Y he allí donde estaba "la magia", pues dichos muñequitos, acataban las ordenes que mi abuelo les daba para sacar el signo zodiacal al gusto del cliente.
Cuando niña, me entusiasmaba saber ¿cómo hacía para que el muñequito que uno quería sacara el papelito fuera y extrajera de su caja dicho signo?. Todavía hoy no lo se... Bueno, dicho frasco era recubierto con una tela de terciopelo negro del cual, como un turbante hindú, tenia colocado muchos collares y cuentas de colores que lo hacían aún mas llamativo.
 Me acuerdo que mi hermano Reinaldo, el mayor de todos, le acompañaba hasta la plaza de El Valle y allí ayudaba a instalar el pequeño y extraño tarantìn de colores. Por supuesto, esta atracción atraía a muchas personas: hombres, mujeres, niños, todos querían que los muñequitos le dijeran su "suerte" y más cuando algunos, querían saber cual era el "truco" para hacer subir y bajar a los muñequitos que tu querías, no el que dijera mi abuelo, el cual complacía a todo el mundo con sus ocurrencias.

El tiempo ha pasado, pero los gratos recuerdos sobre mi abuelo perduran. Hace unos días, mi tía sacó los muñequitos y el frasco de vidrio para enseñárselo a las nuevas generaciones, pero, lamentablemente nadie de la casa aprendió el truco de "hacerlos mover a voluntad", sin embargo están guardados con mucho cariño por lo que representan para nosotros. 

miércoles, 31 de agosto de 2011

SER GUAIQUERI.

Tuve la dicha de nacer en esta isla maravillosa llamada Margarita. Desde muy joven, escuchaba a mis abuelos y a mi mamá decir que eramos descendientes de la etnia guaiquerí, porque sus antepasados habían nacido en la Cruz Grande, en Palguarime, en El Poblado sitio donde tenía su asiento  dicha etnia. Y recuerdo que ellos enumeraban las características físicas que cada niño o niña que nacía en la familia heredaba de ese antepasado: pelo liso negro, piel canela,gusto por los colores alegres: rojo, azul, verde, naranja, amarillo, predisposición al canto o improvisación de temas folclóricos, y muchos otros rasgos que nos hacían vivir con el orgullo de ser Guaiquerí.
Entre todas las tenias venezolanas, la guaiquerí fue mas amistosa y opuso menor resistencia a la colonización y por eso fueron declarados vasallos libres. Ellos (mis abuelos) decían que no todos los nacidos aquí eran descendientes de los antiguos pobladores indígenas margariteños, pero que, con el tiempo siguió el sincretismo cultural y digamos así racial, se fue perdiendo la etnia. Sin embargo,según los adelantes científicos en ADN mitocondrial, se puede determinar si eres indígena o no. Estando en una reunión de interculturalidad, llegó hasta mi, la información que, a través de la detección de un gen, conocido como el Gen Diego, podríamos saber si en verdad somos perteneciente a esa etnia Guaiquerí, ya que la mayoría de las etnias o familias indígenas de América comparten ese gen particular, genéticamente hablando. Bueno, comprueben o no este dato, la verdad es que somos GUAIQUERÍS por todos lados. Los habitantes de estos pueblos o caseríos, hasta hace poco tiempo tenían una casa Comunal donde se llevaba un control, sobre todo de las tierras de origen, heredadas de dicha familia indígena, a la cual algunas familias, censadas por la Comunidad de Indígenas, tenían derechos de parcelar.
Ser Guaiquerí significa estar arraigados a las tradiciones familiares, culturales, religiosas que se van extendiendo a todos los pobladores actuales. Entre ellas tenemos el culto a la Virgen del Valle, cuya réplica de la imagen veneran en la iglesia de El Poblado e igualmente se tiene un día especial, donde los descendientes de los guaiqueríes celebran su día cada 9 de septiembre y van en procesión hasta el santuario del Valle con un gran estandarte a rendir culto a esa imagen tan antigua.Desde el punto de vista cultural y musical, se comparten diversiones,galerones, rimas y prosas, cantos a la naturaleza y un sin fin de temas que asoman por todos lados el rasgo guaiquerí.

lunes, 15 de agosto de 2011

LENCERÍA PARA EL BEBE. Por Flor Patiño de V

 Entre lo moderno y lo tradicional, a veces nos pasa que necesitamos un modelo para vestir la cuna de un bebé, o compararlo en los comercios, pero resultan muy costosos.
Hoy les traigo algunas ideas, con instrucciones para elaborarlos por si alguna de uds se atreve a confeccionarlos.
Los moldes e instrucciones están en el cuadernillo.
Materiales: tela de algodón, encajes, cintas, popelina de colores, guata para el forro o goma espuma, hilo a juego, aguja y muchas ganas de hacerlo, es lo más importante.
Aquí te dejo un link para que puedas ver mas sobre LENCERIA BEBES

Si quieres obtener los moldes en tamaño real o quieres la revista completa te ofrezco todos los detalles en este link Ojito Tienda Online Venezuela, allí encontrarás revistas, moldes patrones en archivo PDF listo para descargar a tu email por un precio módico, visitala no te lo pierdas y comienza a elaborar juegos para el cuarto del bebé, que puedes vender entre tus amistades.




EN LA REVISTA "FAMILIA" DE 1.954, APARECE ESTA LABOR ESPECIAL Y ME PARECIÓ MUY BONITA PARA COMPARTIRLA CON UDS. 
 AQUI LAS INSTRUCCIONES DEL EDREDON, PROTECTORES DE LADO DE LA CUNA, ALMOHADÓN EN FORMA DE MUÑECO.

martes, 9 de agosto de 2011

LABORES FACILES PERO VISTOSAS

TEJIDO!! SIEMPRE PRESENTE EN NUESTROS HOGARES.
LAS MUJERES DE OTRAS EPOCA ERAN GRANDES TEJEDORAS DE ELEMENTOS PARA VESTIR, TANTO EL HOGAR, COMO A ELLAS MISMAS ELABORANDO PRIMOROSOS MODELOS.
GORROS, CUELLOS, VESTIDOS, PAÑITOS, MUÑECAS, CENEFAS Y MUCHAS COSAS MAS ELABORABA MI ABUELA CON UN GANCHILLO.
MIS TIAS APRENDIERON ESE ARTE DEL TEJIDO, QUE YA CASI SE ENCUENTRA DESAPARECIDO, DE SU MAMA Y ABUELAS.
AQUI LES TRAIGO DE LA REVISTA GANCHILLO ARTISTICO ESTAS LABORES QUE SON TAN VISTOSAS Y ELEGANTES.

ESPERO LES GUSTE Y SI NECESITAN EL CUADERNILLO CON LAS EXPLICACIONES ESCRIBAN AL CORREO DEL BLOG Y SE LOS HARE LLEGAR.

El Arbol de Taparo. Flora Margariteña



árbol de taparo Conejeros
foto FMPdV
 El árbol de taparo o tapara ha estado unido a la tradición ancestral del pueblo venezolano,sus frutos son embleados para crear implementos para guardar alimentos en la cocina o fagón.
Decía Codazzi que «el totumo produce frutos de diversos tamaños generalmente redondos u ovales. De ellos se sirven la gente pobre y los indígenas para formar vasijas de toda especie, platos, cucharas y otros utensilios» (Codazzi, 1960 [1841], p. 99). Pero según Gonzalo Picón Febres también se valían de ellas los más pudientes, asegurando al respecto que «á no pocas señoritas, bastante aristocráticas, he visto yo en su casa llevando en las rosadas manecitas la rústica tapara, llena de agua del estanque. En las estancias, quintas ó conucos, lo que más anda en movimniento, de la casa á la quebrada y viceversa, es la tapara, ancha de asentaderas, redonda de barriga, pescuezuda unas veces y otras nó, y con un hueco ó agujero en su parte superior» (Picón, 1964 [1912], p. 276). En el pasado no podía faltar en el patio de la casa un árbol de totumo, ya que proveía a muchas familias de sus vajillas (Casale, 1994, p. 374).

utensilio de tapara. FMPdV
Por otra parte, desde su llegada a América los europeos refirieron que los hombres de las etnias caribanas, incluidos los tomusas que poblaban Barlovento, acostumbraban utilizar unas especies de estuches para el pene elaborados con taparas. En tal sentido, el que fuera gobernador de la Provincia de Venezuela, Juan de Pimentel, comentaba que «crían estos indios otros árboles que llaman totumos, que de su fruta hacen escudillas, taparas para agua, como botijas, cucharas y cobertura para su miembro genital. La fruta de este árbol es como calabazas; y de esto, hay árboles que echan pequeña y grande fruta» (Pimentel, 1964 [1578], p. 186). Por su parte, Fernando González de Oviedo, considerado como el primer cronista de Indias, señalaba que «los que son varones, traen el miembro viril metido en un calabacito cerrado o cuello de calabaza, y con un cordón ceñido le tienen y cubren aquella parte más deshonesta de su persona» (Fernández, 1986 [1535-1557], p. 253).

Los indígenas también le daban un uso ritual al fruto del totumo, ya que con él elaboraban las maracas, en esencia similares a las actuales, compuestas de un taparo «al cual, después de asado y extraída la pulpa, y horadado convenientemente, se le introducen semillas de capacho y un palillo o mango que sirve para agitarla» (Calcaño, 1950 [1896], p. 444). Se construía así sonajeros de diferentes tamaños que podían llevar grabados y adornos, especialmente plumas de ciertas aves, denominados maraka en varias lenguas aborígenes americanas, incluidas la caribe y la arauaca, según refería Lisandro Alvarado (Alvarado, 1984 [1921], p. 268), palabra al parecer de origen guaraní que para José Antonio Calcaño significaría «cráneo o calabaza, celestial o divina» (Calcaño, 1977, p. 152). Alvarado agregaba que la maraca, «en lo antiguo fue instrumento sagrado característico en el ritual de los piaches indígenas» (Alvarado, 1984 [1921], p. 268).

La información antigua que nos ha llegado sobre el uso de la maraca por los piaches generalmente carece de objetividad, sobre todo cuando la fuente eran los frailes cronistas, ya que lo que referían era siempre «mirado con el prisma de sus prejuicios» (Alvarado, 1984 [1945], p. 200). Es el caso, por ejemplo, del jesuíta José Gumilla, quien al hablar de las prácticas curativas de los arauacos señalaba lo siguiente:
«Estos indios son los más diestros, y aun creo que son los inventores de la maraca, que se ha introducido también en otras naciones; y se reduce en un embustero, que se introduce a médico. Hace creer a los indios que habla con el demonio.

La maraca era utilizada no sólo en las curaciones y en los ritos de iniciación, sino también en adivinaciones y otras ceremonias, como matrimonios, exequias y bailes propiciatorios, de lo cual ofrecía Lisandro Alvarado diversos ejemplos. La maraca era en manos del piache un medio para facilitar la comunicación con los espíritus, y sólo él conocía sus secretos. Sin embargo, «parece que en contadas ocasiones podían tocar las maracas, además del piache, otros miembros de la tribu» (Calcaño, 1977, p. 151). El mestizaje implicó que con el tiempo las maracas fueran perdiendo, «aun entre los mismos indios, su carácter sagrado» (Alvarado, 1984 [1945], p. 200). Como todos sabemos, las maracas se fueron incorporando sin mayor dificultad a la panoplia de instrumentos de acompañamiento de la música criolla, sin que falte quien haya sostenido que «nada enciende tanto entusiasmo en la gente del campo como el son de las maracas» (Calcaño, 1950 [1896], p. 444).
Las maracas dieron lugar también a expresiones y consejas populares, como era de esperarse, diciéndose aún hoy día maraquear el trago para significar que alguien bebe licor muy pausadamente en una fiesta, en tanto que si, en contrapartida, otro se pasara demasiado de tragos se comentaría que cogió una maraca de pea; también se arguye que una cosa es con arpa y otra con maracas cuando algo resulta más difícil de lo esperado.
Ha sido tan popular el fruto del totumo o taparo que uno de los nombres indígenas que se le daba a uno de los objetos fabricados con aquél pasó a significar cualquier cosa. Se trata del «coroto», que designaba, según Angel Rosenblat, «una escudilla o recipiente indígena hecho con la mitad de una totuma: los llaneros lo usan todavía para beber agua o aguardiente. Los cantores de aguinaldos de Nochebuena cantan: "Nosotros somos cinco, / seis con el corotocoroto en la cabeza." Pues el humilde coroto indígena se ha llenado de un contenido tan universal, que hoy puede designar cualquier objeto: "El pulpero se esfumó con todos sus corotos”» (Rosenblat, 1974 [1956], Tomo IV, p. 112). Pero también en Barlovento y los valles del Tuy usan aún, como antes lo hacían los tomusas y quiriquires, habitantes aborígenes de esas regiones a la llegada de los europeos, el coroto, aunque no lo llamen así, como se puede apreciar en la Glosa a mi tierra del cantor y compositor popular tuyero Juan Alberto Paz, nacido en Cúa en 1916, quien se ufanaba de su ascendencia en la estrofa siguiente:
«Aquí se toma aguardiente
en totuma, compañero,
porque somos los primeros
de los indios descendientes.»
(Paz, 1967, p. 27)
En cuanto a sus cualidades terapéuticas, se le han encontrado aplicaciones muy variadas, ya que «las hojas y cogollos se emplean para preparar baños de asiento para curar hemorroides. La pulpa del fruto, mezclada con azúcar, actúa como purgante. Y empleada como cataplasma, alivia los golpes y hematomas» (Delascio, 1985, p. 36).
Con usos tan diversos y tanta difusión, ya que ha sido cultivado por doquier, no es de extrañar que el totumo y su fruto hayan sido incorporados al folklore venezolano en refranes muy conocidos, como el que postula que «perro que come manteca, mete la lengua en tapara», o la expresión, hoy día inusual, «día de tapara y cachimbo», utilizada para indicar un día lluvioso «de estarse en casa bebiendo y fumando», o aquella otra que decía «se juntó la arroba de queso con la tapara de melado», equivalente a la más moderna de «se juntó el hambre con las ganas de comer», lo mismo que la copla popular según la cual «el que bebe agua en tapara, / o se casa en tierra ajena, / no sabe si el agua es clara / o si la mujer es buena» (Alvarado, 1984 [1921], p. 349).
A un árbol tan estimado por los indígenas y el pueblo llano no podía dejar de dársele una connotación religiosa. No resulta casual, por tanto, que en el siglo XVII d.C., época en que la conquista fue pasando a manos de los misioneros, el mencionado Caulín hubiera señalado un árbol de totumo como el lugar de aparición de «la devotísima Imagen de nuestra Señora del Socorro» en la ciudad de San Cristóbal de los Cumanagotos, predecesora de la actual Barcelona.

RECUERDOS DE CONEJEROS: BAR LA MACHACA

 HOLA, BIENVENIDOS AL BLOG DE FLOR MAR Y OJITO HOY CON UN RECUERDO DE PUEBLO ANTIGUO: el Bar La Machaca. En la década de los setenta existía...